La celebración de bodas íntimas ha experimentado un repunte en los últimos años. Y es que las nuevas generaciones prefieren darse el ‘sí, quiero’ en un entorno privado, recoleto y romántico, y las fincas para bodas pequeñas representan un acierto en este sentido.

Lo reconocemos: las nupcias más espectaculares están ligadas a entornos de ensueño. El príncipe Harry y Meghan Markle se desposaron en la capilla de San Jorge del Castillo de Windsor, y los actores Catherine Zeta-Jones y Michael Douglas, en el Hotel Plaza de Nueva York. Sin embargo, no todas las celebridades optan por casarse con pompa y glamour. Sirva de ejemplo la ceremonia de Richard Gere y Alejandra Silva en un modesto rancho a las afueras de Nueva York.

¡Y es que los castillos, palacios y salones de época no despiertan las envidias de todos! Las fincas pequeñas para bodas íntimas en Madrid constituyen una opción superior en muchos sentidos, por su elevada privacidad, la creación de ambientes acogedores o el grado de personalización. ¿Estás decidido a casarte en petit comité? Los siguientes consejos te serán de gran utilidad.

Cómo elegir fincas para bodas pequeñas en Madrid

Naturaleza, un escenario ideal

La capital española no es sólo una de las metrópolis más animadas y cosmopolitas de Europa, sino también un excepcional destino de ecoturismo. La naturaleza es un escenario privilegiado para contextualizar una boda íntima en Madrid, y el contacto con ella reduce el estrés y fomenta la felicidad y la sociabilidad, como recogen cientos de estudios.

Entre las provincias de Ávila y Guadalajara encuentran su sitio un sinnúmero de destinos donde celebrar nupcias al aire libre: el Embalse de El Atazar, Rascafría, Cárcavas del Valdepeñas de la Sierra o La Pedriza, entre otros. Ni siquiera es necesario alejarse más de 30 minutos en coche para localizar fincas para bodas en Guadalajara y sus alrededores.

Dar voz a los invitados, todo un acierto

Frente al compromiso y la incomodidad que son comunes en determinados enlaces multitudinarios, las bodas íntimas con pocos invitados fomentan la socialización y las interacciones, pues la mayoría de los presentes se conoce o guarda algún tipo de parentesco, una relación que también ayuda a hacer partícipes a los invitados, generalmente. Debido a esto, puede ser un acierto consultar a los invitados algunos pormenores, como la necesidad de agregar opciones vegetarianas o cócteles sin alcohol al menú.

Dado que los amigos y familiares serán un grupo mayoritario entre los invitados, es recomendable consultarles también acerca de la conveniencia de celebrar la boda en una finca determinada. La razón es simple: aunque los asistentes no pueden anteponer sus intereses a los deseos de los novios, si aquellos están domiciliados en otra comunidad o en otro país al de las nupcias, la ceremonia puede suponer una gran molestia, fácilmente evitable. En este sentido, ciudades como Madrid son una elección sensata, por su situación céntrica.

Aforo reducido, la mejor opción

Al seleccionar una finca, las limitaciones del aforo pueden ser un problema, pero también lo son los superávits. En otras palabras, alquilar un jardín y sus instalaciones con capacidad para 300 invitados, por ejemplo, con el fin de acomodar a 50 ó 60 personas supone un despilfarro en toda regla. Por este motivo, a la hora de evaluar lugares para bodas pequeñas, debe tenerse presente que un aforo reducido no siempre es una falta.

Control y personalización máxima, indispensables

Las bodas pequeñas con encanto presentan una ventaja adicional: la posibilidad de personalizar un mayor número de detalles y de disfrutar de un mayor control en la ceremonia nupcial. Es verdad que las fincas y jardines destinados a acoger enlaces multitudinarios ofrecen libertades en este sentido, pero no sin reservas, lo que supone una desventaja a tener en cuenta. En este sentido, quizá te interese conocer estas ideas para un banquete de boda.

Cocina y cátering propio, un plus necesario

Pero enmarcar un casamiento en una finca de aforo y superficie reducida no significa que deba renunciarse a prestaciones y servicios tan elementales como el cáterin o la cocina propia. La gastronomía ocupará un lugar importante en la ceremonia, y como tal debe tratarse, pero acarrea una serie de molestias que es preferible dejar en manos de profesionales. Si la finca elegida incluye este servicio, será un argumento a su favor.