La hipertension arterial

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Hoy en día la hipertensión arterial es una de las afecciones más extendidas.Y mantener una presión sanguínea dentro de los límites adecuados es uno de los modos más seguros para evitar proble­mas cardiovasculares y renales.

Aunque no molesta, no se nota y casi siempre pasa inadvertida, la hipertensión arterial es una verdadera epidemia que afecta principalmente a quienes viven en las ciudades, a los que realizan un tra­bajo o llevan una vida que les resulta estresante y a quienes tienen la costumbre de comer alimentos condimentados con un exceso de sal. Según las estadísticas. una de cada cinco personas adultas tie­ne la presión sanguínea elevada. Unos la tienen muy elevada y otros la tienen menos, unos la tienen siempre y otros solamente de vez en cuando: lo cierto es que cuanto más avanzamos en edad tanto mayor es el riesgo de tener la pre­sión arterial alta.

La presión sanguínea

La circulación de la sangre por las arte­rias puede compararse con el agua que circula por las mangueras de los bom­beros o de los jardineros: sale con ma­yor o menor fuerza dependiendo de la presión con la que circula; bajo poca presión, el agua apenas sale; con mucha, el agua alcanza una gran distancia. Algo semejante ocurre con la presión de la sangre: ésta circula por arterias y venas gracias a la fuerza con la que el corazón la impulsa. Un corazón fuerte hace que la sangre circule bien, con una buena presión, mientras que un corazón débil apenas tiene fuerza suficiente para im­pulsar la sangre hacia delante y alcanzar la mínima presión necesaria para que llegue a todos los rincones.

La presión sanguínea se define por dos valores: la presión arterial máxima y la presión arterial mínima, que se miden con un manguito neumático que se arrolla alrededor del brazo. Se expresa en unas unidades especiales: los milí­metros de mercurio (mm Hg). Los va­lores normales son de menos de140 mmHg para la presión máxima (o sistólica) y menor a 90 mmHg  para la presión mínima (o diastólica). Valores superiores indican una hipertensión leve, moderada, grave o muy grave.

Las causas de la presión alta

Si un corazón fuerte hace que la sangre circule bien, con una buena presión, significa eso que cuanto más alta es la presión de la sangre más fuerte es el co­razón y que, por tanto, es un buen sín­toma tener la presión alta?

No, porque la presión arterial depende también, y mucho, de otro factor: el diámetro de las arterias por las que circula. Si un mis­mo volumen de agua tiene que circular por una manguera estrecha, pasará por ella a gran presión; si tiene que pasar por una manguera ancha, circulará a menos presión. Igual sucede con la sangre: si circula por unas arterias más estrechas de lo normal, la presión será alta, y si circula por unas arterias más anchas de lo normal, la presión será baja.

Por eso, una presión arterial alta no sólo indica la fuerza del corazón, sino, sobre todo, la estrechez o anchura de las arterias.Una presión elevada es señal de que las arterias son más estrechas, y ello no es bueno porque impide que la sangre lle­gue hasta los lugares más recónditos, por lo que el corazón ha de trabajar más y puede llegar a agotarse.

En la mayoría de los adultos, la causa de la presión arterial alta se desconoce. Es posible que sea una predisposición genérica, pero hay hábitos y formas de vida que favorecen la aparición de la presión alta: beber alcohol, abundancia de sal en la alimentación, obesidad y vi­da sedentaria, por ejemplo, son factores que aumentan el riesgo de que aparezca una hipertensión.

Entre las mujeres, una causa es el uso de pastillas anticoncepti­vas. El estrés y la tensión en el trabajo y en las relaciones también ayudan a ele­var la presión arterial, al igual que cier­tas enfermedades del riñón. Para cono­cer las causas de una hipertensión, los médicos llevan a cabo una serie de es­tudios y análisis a fin de asegurarse de que no hay otra causa que deba ser re­suelta.

El tratamiento de la hipertension arterial

Tras la realización de las pruebas indi­cadas por el facultativo, el primer paso será modificar aquellos hábitos que fa­vorecen el aumento de la presión arte­rial: comidas con mucha sal, vida seden­taria, obesidad, consumo de alcohol, etc. Lo primero que el medico prescribe es comer con poca sal o sin ella, ba­jar de peso, realizar ejercicio moderado y no tomar bebidas alcohólicas. Pare ce ser que por cada kilogramo de peso que se pierde, la presión arte rial disminuye 2 mm Hg. Se aconseja también abandonar el hábito de fumar, no tanto porque con ello se reduzca la presión arterial, sino para eli­minar otro de los factores que son cau­sa de serios problemas en el corazón.

Si una vez modificados los estilos de vida peligrosos la presión sigue siendo alta, el médico indicará los medica­mentos que pueden hacerla regresar a los límites normales. Existen varios ti­pos de fármacos, y el médico elegirá el más adecuado para cada paciente según las características individuales (sexo, edad, etc.) y el tipo de hipertensión que padece (grave o leve, relacionada con el esfuerzo, ocasional o persisten­te, etc.).

Hay medicamentos que se uti­lizan solos y otros que complementan la acción de los primeros. Actualmen­te, se usan fármacos que en una sola pastilla contienen dos medicamentos en una sola toma y en las proporciones adecuadas, evitando así la ingesta de dos comprimidos.

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